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domingo, 2 de enero de 2011

Morales cede a las protestas y anula el alza de precio de los combustibles

Mabel Azcui, Agencias (El País)

Tema: Bolivia
(pincha en la imagen para ampliarla)
Acorralado por las protestas callejeras, el presidente de Bolivia, Evo Morales, ha anulado el decreto que subía hasta en un 82% el precio de los combustibles, y que le ha generado una de las peores crisis desde que asumió el poder, en 2006. Morales hizo el anuncio en un inesperado mensaje a la nación en la medianoche del viernes 31, mientras las organizaciones sociales se aprestaban a retomar las movilizaciones a partir de mañana.

Morales informó de su decisión tras una prolongada reunión del Consejo de Ministros, y tras un encuentro con líderes sindicales y organizaciones sociales que le son afines. "Prometí gobernar obedeciendo al pueblo. En estos días escuché y entendí las recomendaciones de los trabajadores y en esta política de mandar obedeciendo al pueblo hemos decidido abrogar el decreto 748 y las otras medidas que le acompañan", dijo Morales en una breve presentación junto al vicepresidente, Álvaro García Linera, en la Casa de Gobierno.

Apenas dos días antes, el presidente boliviano había insistido en que mantendría el decreto, destinado, explicó, a terminar con las enormes subvenciones a los carburantes que estaban comprometiendo la economía nacional y alimentando el contrabando a países vecinos. En esa ocasión anunció que elevaría un 20% el salario mínimo para compensar la espiral de subidas de precios en los productos básicos.

Pero el anuncio no logró convencer a la población, y sobre todo a las propias bases del partido oficial, el Movimiento Al Socialismo (MAS), y a las organizaciones sindicales y campesinas afines a Evo Morales.

Las protestas se reanudaron con mayor violencia el jueves. Los cortes de carreteras y la huelga de transportistas interrumpieron las comunicaciones entre las provincias. Las principales ciudades fueron escenario de nutridas marchas, que acabaron a menudo disueltas a golpes por la policía.

En El Alto, bastión incondicional del mandatario indígena situado a 14 kilómetros de La Paz, los manifestantes cortaron la carretera y quemaron una estación de peaje. En la capital, los asistentes convocados por las combativas juntas vecinales a la marcha destruyeron el portón del edificio de la vicepresidencia, atacaron a pedradas algunos comercios y quemaron una bandera de Venezuela, ya que atribuyen la decisión del gasolinazo a la influencia de Hugo Chávez, mentor de Evo Morales.

En realidad, la subida suponía el reconocimiento del Gobierno de su fracaso en la nacionalización de los hidrocarburos, decretada en 2006, al poco de llegar a la presidencia, y que ha ahuyentado las inversiones, provocando un descenso de la producción local. "Si queremos inversiones en petróleo, es obligado que los inversores tengan utilidades [beneficios]", había declarado Evo Morales.

El problema es que sus propias bases, las mismas que, con él al frente, derrocaron a dos presidentes en 2003 (Gonzalo Sánchez de Lozada) y 2005 (Carlos Mesa), no atendieron a las argumentaciones de su líder.

Ante el anuncio de un recrudecimiento de las protestas y el incierto desenlace que se le planteaba, Morales decidió dar marcha atrás. "Todas las medidas quedan sin efecto", anunció en la noche del 31 (madrugada del 1 de enero en España). "No existe ninguna justificación ahora para subir los pasajes ni aumentar el precio de los alimentos, ni la especulación. Todo vuelve a la situación anterior", añadió. También queda anulada la subida del salario mínimo.

La elevación de precios de los carburantes (un 57% para la gasolina y hasta un 82% para el diésel) ocasionó una escalada en las tarifas del transporte y en el costo de los alimentos. La carne, la harina y el azúcar empezaban a escasear.

El Ejército había empezado a fabricar y vender pan, en respuesta a la huelga de panaderos. "Hemos empezado a hacer pan en nuestros barracones, donde tenemos hornos industriales con una capacidad de 10.000 barras al día", había declarado un oficial a la prensa local. Para mañana estaban previstas nuevas protestas, entre ellas una marcha de miles de mineros desde el altiplano a La Paz, además de un bloqueo de carreteras por parte de organizaciones campesinas.

Las subvenciones a los combustibles, que tienen el precio congelado muy por debajo del precio real del mercado, supusieron el año pasado 380 millones de dólares (unos 287 millones de euros). Además de lastrar la economía, las subvenciones han alentado el contrabando fronterizo de combustibles, que se realiza a pesar de la vigilancia militar.

sábado, 13 de noviembre de 2010

“Nuestra vida va a cambiar”. Un proyecto del Gobierno español lleva agua potable a Ayo Ayo, una humilde aldea del altiplano boliviano

Sergio Heredia (La Vanguardia)

Tema: Bolivia
Aupado a una loma, Octavio Quispe, vecino de Ayo Ayo, contempla su aldea. Una iglesia colonial entre un centenar de construcciones de adobe y barro. Un desierto pelado entre cuyos arbustos pastorean ovejas y llamas. El sol deseca los cultivos y asfixia a los vecinos, agricultores que se protegen bajo los sombreros mientras aran. Y al fondo, una estructura blanca clava los dientes en los terruños, en busca del agua.

–Ahí tenemos el progreso –dice Quispe.

Le creemos: aquí, en Ayo Ayo, el agua es el maná.

Hasta hace dos meses, las gentes de este lugar del altiplano andino, a 4.100 metros de altitud y a 81 kilómetros de La Paz, hurgaban en la tierra y no había manera: no hallaban agua potable.“Antes, los vecinos debíamos recorrer kilómetros hasta manantiales. Y como a menudo el agua venía contaminada, enfermábamos. Con este nuevo depósito, nuestra vida va a cambiar”. Habla Braulio Choque, recién nombrado alcalde del municipio, un cincuentón chaparro y tostado por una vida en los campos de patatas.

Hoy es su gran día: la aldea aplaude la llegada del progreso y Trinidad Jiménez, ministra de Asuntos Exteriores española, también recién nombrada, ha venido a visitarle. La visita tenía un motivo: la inauguración del depósito. Así se redondea esta historia.

La Agencia Española de Ayuda Internacional al Desarrollo (Aecid) está tras el proyecto, gestionado por la oenegé Adra. Han hecho falta un año y 72.000 euros para construir el depósito, capaz de almacenar 50.000 litros de agua, distribuida a través de 14.000 metros de tuberías.

El recorrido ha sido largo. Durante el proceso, técnicos de Adra han instruido a los vecinos en la gestión de este bien. Ayo Ayo ya cuenta con un consejo local del agua. “Las 300 familias de la aldea han determinado sus necesidades. Quien quiere más agua paga más. De media, seis pesos bolivianos, unos 60 céntimos mensuales”, dice Juan Arronis, técnico de Adra.

Es también un gran día para la ministra. Las lugareñas le han lanzado confeti, le han colgado una corona de rosas y le han ofrecido papas y cordero; la abrazan y la besan. “Igual que cuando salía a la calle, en campaña, y entraba en contacto con la gente”, dice ella.

Arronis sonríe: “Los vecinos debían irse lejos a por el agua, y encima enfermaban porque no era potable. Sufrían diarreas, lo pasaban mal. Ahora tienen agua en casa. Es una bendición”. Una bendición, y un inicio. El proyecto es más amplio. La Aecid invertirá 11 millones de euros en dos planes (hasta el 2014) para abastecerá 23 áreas rurales de Bolivia y Perú, con 32.000 habitantes.

Mientras, los 900 vecinos de Ayo Ayo aplauden a la ministra: ya están más cerca del siglo XXI. Al marcharse, Jiménez aún lleva confeti en el pelo. El alcalde ofrece otra reflexión: pretende alcantarillar la aldea. “Quién sabe, quizás así vuelvan los jóvenes que buscaron el progreso en La Paz”.

Entre bastidores, Severo Sánchez eleva la vista y reza al cielo. Este anciano nos habla de sus tres hijos, todos ellos en Madrid. “Sé que volverán a verme en diciembre. Tal vez entonces ya no nos separemos más”.