jueves, 18 de noviembre de 2010

Joan Puigcercós: “Para no hacer nada no tiene sentido tener las ‘mans netes’”

Quim Monzó, Sergi Pàmies (La Vanguardia)

Tema: Elecciones

En la sede de Esquerra Republicana hay dos salas de reuniones. Una con paredes de color rojo y otra con paredes de color yema de huevo. Joan Puigcercós (Ripoll, 1966) nos recibe en la sala yema de huevo. Le gusta la montaña, el deporte y el Barça. Más que culé es antimadridista. Si se jugara un partido entre el Real Madrid y la Guardia Civil, iría a favor de la Guardia Civil, afirma. Nos ofrece agua mineral Sant Aniol. ¿Por qué esta marca? Porque está etiquetada en catalán.
- El día 28, cuando vaya al colegio electoral, ¿qué votará?

- Esquerra Republicana de Catalunya.

- ¿No ha dudado nunca?

- Tengo que reconocer que cuando te pones delante de la mesa y ves tantas papeletas, hay un momento de cierto nerviosismo cuando no encuentras la tuya. Y piensas: si no la encuentro yo, no la encontrará nadie. Pero, dudar, no he dudado nunca.

- ¿Qué puede aportar al cargo para el que se presenta?

- Creo que puedo aportar mans lliures. No debo nada a nadie y estoy acabando de pagar la hipoteca. Puedo aportar mans lliures, valentía y un conocimiento de la realidad más profundo que otros candidatos.

- Cuando Carod era el candidato decía que llevaba las mans netes. Ahora veo que son lliures...

- Podría decir lo mismo. Mans netes i lliures. Digo lliures porque, en definitiva, lo que a la gente le importa es que las tengas lliures para hacer lo que hay que hacer. Tenerlas limpias y acabar no haciendo nada, no tiene demasiado sentido.

- ¿Tiene alguna expectativa más allá del cargo de presidente de la Generalitat o es lo máximo a lo que aspira?

- President es lo máximo. Es lo que nos diferencia de otras zonas del Estado, donde lo máximo es ser ministro. No diré que no haya catalanes para los que lo máximo sea también ser ministro, pero, para quien se cree este país, lo máximo es ser president. Pero aún hay otra cosa por encima: ser presidente de la Catalunya independiente, aunque de momento todavía no hemos llegado a eso.

- Por primera vez liderará la candidatura de ERC. ¿Ha sido duro esperar tanto tiempo?

- No. De hecho creo que me ha tocado demasiado pronto.

- ¿Demasiado pronto? ¿Habló con Carod para que se volviera a presentar?

- No. No soy de los que se planifican la vida: la vida viene. A veces tienes la sensación de que la vida es ir con un coche a toda velocidad y de repente te encuentras con los coches que van delante. ¿No? Puede que alguien diga que ya soy mayorcito, que tengo 43 años, pero creo que me he preparado a conciencia. He estado en todos los niveles de la política: local, Madrid, he conocido el gobierno por dentro, parlamentaria, he conocido el país...

- Si los sondeos aciertan, liderará por primera vez la candidatura de ERC y ERC perderá un montón de escaños. ¿A quién le echará la culpa?

- A nosotros mismos.

- Muchos de los que en otras elecciones votaron ERC, dicen que esta vez no lo harán. ¿Cómo intentará volverlos a seducir?

- En estos últimos cuatro años, lo que ha habido en este país es sobreexcitación. Eso se ha debido a dos causas. En primer lugar, a mucha gente no le ha gustado tener un presidente que se llame José Montilla. Lo puedo entender pero no lo comparto. La segunda sobreexcitación es que el principal partido de la derecha catalana se ha quedado prácticamente sin sillas y eso ha creado tensión en un país que en estos últimos cuatro años ha cambiado mucho, para siempre. Un millón doscientos mil inmigrantes es un cambio monumental y nos tenemos que reconstruir como país. Hemos puesto las bases para hacerlo, sin perder de vista dos cosas vitales, por las que entré en política: la lengua catalana y la gente trabajadora. La sentencia del Constitucional cierra una etapa que se abrió con el pacto del Tinell. Bien, ahora abrimos otra y a ver cómo los catalanes nos ponemos de acuerdo, sin que decidan por nosotros.

- Ha dicho que puede entender –pero no comparte– que haya gente a quien no le guste que haya un president que se llame José Montilla...

- Puedo entender que hay gente en este país, sobre todo de cierta edad, que después del franquismo creyó que Catalunya volvería a ser la misma que en los años treinta. Es comprensible. La Catalunya de los años treinta vivió una eclosión cultural y política sin precedentes. Luego llegó la dictadura, que no sólo es gris, sino que además es castrante. Con la dictadura se produce un fenómeno migratorio de otras partes del Estado, Catalunya cambia su fisonomía, empieza una recuperación democrática... Había quien creía que todo volvería a ser como en los treinta, y no sólo no ha sido así, sino que ahora tenemos una nueva ola migratoria. Catalunya ha cambiado y esa gente no lo quiere aceptar. Puedo entender que no quieran aceptarlo, pero es un error. Catalunya es otra. Dicho de otro modo: el peor enemigo de la Catalunya libre es la Catalunya pura.

- Ya se habla sin miedo de la posibilidad de independizarse y el independentismo se presenta a las elecciones disgregado: ERC, Reagrupament, Solidaritat...

- Ha habido una actitud de sobreexcitación que ha acabado provocando el simplismo. Hay gente que dice que en enero seremos independientes. No va por ahí. No sé si seremos independientes, pero ahora tenemos una posibilidad que antes ni divisábamos. Habrá que trabajar, convencer a muchos, ser capaces de hacer ver que es compatible sentirse español y querer una Catalunya independiente.

- ¿Qué pasó con Carretero?

- Creo que consideraba que el partido no cumplía lo que él defendía y sus expectativas y decidió irse. ERC no es un convento de clausura. Es un partido político. La gente ya es mayor para entrar y salir.

- Antes comentaba que la condición de candidato le había llegado demasiado pronto, que no lo había previsto. ¿De pequeño soñaba con ser político?

- Mi sueño de pequeño era ser carpintero. No tiene nada que ver con que el padre de Jesús lo fuera. Siempre me ha extasiado la madera, la ebanistería. De pequeño me llevaron a ayudar a un carpintero que hacía los muebles de casa y me extasió. Hay niños que sueñan con ser astronautas, futbolistas, bomberos... Nunca me había visto de presidente. Claro que, cuando yo era pequeño, la Generalitat estaba en el exilio, pero bueno...

- Y, desde la experiencia, ¿cree que la vocación política es innata?

- Se aprende. Mi padre era militante socialista, de CC.OO. En casa siempre se ha respirado política. Más que la política, lo innato es una actitud de servicio, aunque no a todo el mundo le ocurre. Y te tiene que interesar lo que les pase a los demás.

- ¿Cuál es la línea que separa el servicio a los ciudadanos y la ambición?

- Sin ambición difícilmente puedes defender nada. Ha habido políticos sin ambición personal. Gente que, por circunstancias de la vida, tiene que asumir un rol político en un momento dado. Y lo asume. Yo de pequeño no aspiraba a ser político, pero la política siempre me interesó. No soy de los que dicen que pasaban por ahí.

- Y, con esa vocación, ¿se ha encontrado alguna vez con gente que le dice que no se cree nada de lo que le cuenta?

- Nunca. Pero sucede que suelo ser bastante crudo con la gente. Explico lo que hay. Hace poco me encontré por la calle a una persona que me dijo: “Si te voto, ¿qué me darás?”. Y yo le contesté: “Nada”. Y se enfadó. “No te daré nada, no tengo que darte nada, yo defenderé lo que crea, pero no te daré nada.” “Pues hay candidatos que dan cosas”,me dijo. “Pues vete con otros candidatos. ¿A mí qué me cuentas?”. Puede que los que estamos en la política hayamos creado la sensación de que a veces esto es un mercado.

- Imaginemos que al lado de su casa hay un solar y se tiene que construir o bien una mezquita o bien una narcosala. ¿Qué preferiría?

- No lo sé. Podría contarle una situación que no compararé porque alguien podría ofenderse. El caso es que vivo entre dos granjas de cerdos. Tanto da hacia dónde sople el viento, siempre huele igual. Al principio te dices: no me acostumbraré. Pero te acostumbras. La casa está en el Bages y me ha ido muy bien para poder conocer el drama del mundo rural. En Catalunya tenemos una visión urbana de todo y la gente cree que el mundo rural es un jardín, que lo ponen el viernes y lo quitan el domingo por la noche. Pues entonces le cuento que vivo entre dos granjas de cerdos y que no pasa nada. Creo que tampoco tiene que pasar nada por vivir al lado de una mezquita o de una narcosala. Sí es verdad que esas mezquitas o esas narcosalas se construyen siempre en los mismos sitios. No en Sant Gervasi, curiosamente (y ahora no me votará nadie allí...). Son cosas que nos tenemos que cuestionar. Pasa lo mismo con las Terres de l'Ebre. La gente del Ebro tiene la sensación de que todos los problemas ambientales y energéticos siempre caen en el mismo sitio.

- La campaña de ERC ¿cuánto cuesta y cómo se financia?

- El coste de nuestra campaña superará el millón y medio de euros, no mucho más; siempre hay alguna desviación y por eso no cierro la cifra. La campaña se financia básicamente por tres vías. En primer lugar, las cuotas de los militantes. Somos seguramente de los pocos partidos en Catalunya, por no decir el único, cuyo presupuesto se basa en el veinticinco por ciento de las cuotas de los militantes. Otro porcentaje importante procede de los cargos públicos, que aportamos una parte de nuestro sueldo. La otra vía son las subvenciones públicas. Sobre estas subvenciones siempre digo una cosa que puede parecer provocadora: los partidos estamos suficientemente bien financiados con las subvenciones. No hace falta inventar nada ni hacer cosas extrañas.

- ¿Cuál ha sido su mayor decepción política?

- Cuando en este país nos pusimos de acuerdo para hacer un Estatut y tuve la sensación de que a ERC nos hicieron sacar a pasear a los gigantes en un día de viento. Porque, pasado el tiempo, te das cuenta de que el señor Artur Mas, con el apoyo del PSC, se acabó comiendo el recorte en la Moncloa, con el señor Zapatero. Entonces tienes la sensación de que, para algunos, todo eso era un juego táctico. Esgrima parlamentaria para ganar votos o posicionarse. Para mí ha sido una decepción, sí. Me frustré porque creo que lo que estábamos haciendo era serio, y generó frustración a mucha más gente. Íbamos a hacer un Estatut nuevo, que solucionaba buena parte de los problemas que teníamos y que nos fijaba un periodo de estabilidad.

- Si los políticos fuesen intercambiables, como a veces lo son, ¿le gustaría fichar a alguno?

- Hay una persona que tengo que reconocer que era un excelente diputado. No lo ficharía nunca porque está en las antípodas de ERC. Se trata de José Domingo, el diputado de Ciudadanos, una persona muy ordenada, muy trabajadora, que se creía lo que hacía. Discrepo radicalmente de él, no lo ficharía nunca para ERC, pero me quito el sombrero delante del señor José Domingo, como el excelente diputado que fue.

- Si seguridad y libertad entran en conflicto: ¿cuál tiene que prevalecer?

- La libertad. Aunque, desgraciadamente, demasiado a menudo nos presentan este debate contraponiendo libertad e igualdad. Precisamente creo que son indisociables. La igualdad sin libertad nos lleva al desastre...

- Hablábamos de seguridad y libertad...

- Sí, lo he entendido. Lo que digo es que el dilema que normalmente nos quieren vender es entre igualdad y libertad. Igualdad sin libertad nos lleva a la mediocridad, y libertad sin igualdad nos lleva a la injusticia. Entre seguridad y libertad, libertad. Curiosamente, la seguridad es un debate que asume la derecha y la izquierda no tiene por qué renunciar a la seguridad. Faltan Mossos d'Esquadra y los mismos cuerpos dicen que, como mínimo, se necesitan dos mil o tres mil efectivos más. Es decir que eso de recortar funcionarios, como dice alguien, no sé cómo lo harán. Creo que la seguridad es de izquierdas. Hasta cierto punto la gente con dinero puede pagarse la seguridad.

La Meca, más cara. Los precios de la mayor peregrinación musulmana se han disparado por culpa de los alquileres

Tomás Alcoverro (La Vanguardia)

Tema: Religión
Suben los precios de la peregrinación a La Meca, una de las cinco obligaciones fundamentales de los creyentes en el islam, a la que este año acudieron alrededor de dos millones de musulmanes procedentes de 180 países de todo el mundo. Muchos fieles ahorran durante años para sufragar los gastos del viaje, a veces muy largo.

Todo musulmán adulto y sano debe por lo menos efectuar la peregrinación una vez en su vida, aunque una gran mayoría de creyentes muera sin haber visto nunca el primer lugar santo de su religión. En La Meca, lo que más ha subido es el precio de los alquileres. En los últimos meses, un quince por ciento. A medida que las viviendas están más cerca de la gran mezquita, con la negra piedra de la Kaaba en su patio, venerada ya en la época preislámica, son más altos los alquileres. También en los vastos cementerios chiíes de Nayaf, en Iraq, aumentan los precios de las sepulturas si se encuentran cerca de su santuario. El oro que los peregrinos acostumbran a adquirir para sus regalos ha subido también.

Los que acuden en viajes subvencionados son instalados en los campos de pabellones y tiendas de campaña de Mina. Los alimentos también se han encarecido. Aunque el tiempo de la peregrinación –hach en árabe– es de cinco días para cumplir con todos los ritos, muchos peregrinos permanecen dos semanas y hasta dos meses en el reino saudí.

Estos viajes pueden costar varios miles de dólares, pero los gobiernos de populosas naciones musulmanas como Indonesia organizan grandes expediciones subvencionadas. Musulmanes procedentes de países pobres de África tratan de quedarse y buscarse la vida en el rico Estado petrolífero, pero las autoridades hacen todo lo posible para evitarlo. Durante siglos, las peregrinaciones a La Meca fueron origen del cólera que, con caravanas y barcos, alcanzaba a Occidente.

Como cada año, esta gran peregrinación, en cuyo apogeo de la fiesta de Al Adha se conmemora el acto bíblico de Abraham en su intención de inmolar a su hijo Isaac a Dios, es la pesadilla de las autoridades saudíes. Pese a los cupos que se conceden a cada estado, hay peregrinos ilegales, que consiguen burlar la vigilancia de los controles policíacos de las carreteras. El tema de la seguridad obsesiona a Riad. En la historia de estas peregrinaciones contemporáneas, el año 1979, tras la revolución islámica de Irán, fue muy turbulento con la ocupación del recinto por fanáticos musulmanes que tuvieron que ser desalojados por la fuerza bruta. En los enfrentamientos, murieron cerca de 300 personas. Eran los días en que los militantes islamistas querían aprovechar esta concentración para su causa.

En el 2006, 362 peregrinos perecieron a causa de una estampida provocada por un incendio en el puente Jaramat. Ahora el ministro del Interior, príncipe Nayef ben Abdel Aziz, declaró que no excluía un atentado. Pero la rama de Al Qaeda en la península Arábiga ha asegurado que estaba en contra de cualquier acción criminal contra “los peregrinos de la nación islámica”. El Gobierno ha emprendido la construcción de un gigantesco reloj de seiscientos metros de alto, que pretende instaurar la hora de La Meca en los países del islam.

Al Adha, como otras celebraciones religiosas, es una gran fiesta popular vivida con fervor y con fiebre consumista. No sólo las carnicerías hacen su agosto vendiendo el cordero tradicional, sino también las tiendas de ropa. Es el esperado tiempo de los regalos para familiares y amigos. Muy lejos de La Meca, subieron también los precios de los zocos musulmanes, del Atlántico al Golfo, explotando el hach.

Miedo a 'Mein kampf'

Manuel Rodríguez Rivero (El País)

Tema: Historia

El 30 de abril de 2015, 70 años después del suicidio del autor al que hizo millonario, Mein Kampf pasará a dominio público y cualquiera podrá publicarlo libremente. No es que se haya editado poco: según algunos cálculos, de la más importante obra "teórica" y autobiográfica de Adolfo Hitler se habrían vendido más de 50 millones de copias, 10 de ellos en Alemania. Incluso en algunos países se ha convertido recientemente en best seller: ahí tienen, por ejemplo, la edición publicada en Turquía en 2005, que logró vender en solo dos meses más de 100.000 ejemplares.

La historia editorial de Mi lucha es compleja. Desde 1945, el land de Baviera es el propietario legal del copyright para todo el mundo. Con alguna notable excepción: Hitler vendió los derechos de traducción en lengua inglesa e, incluso, en 1939, litigó (y ganó el juicio) contra un editor norteamericano que había infringido el copyright. Pero Mein Kampf sigue prohibida en Alemania, donde solo se autoriza la reventa de ejemplares anteriores a 1945. La tarea de los actuales derechohabientes consiste principalmente en impedir la difusión de la obra y poner trabas a las traducciones, controlando férreamente su difusión en el extranjero.

Redactado parcialmente durante la estancia de Hitler en la prisión de Landberg, donde cumplía una cómoda condena tras el Putsch de la cervecería (1923), Mein Kampf fue publicado entre 1925 y 1926. El éxito de masas le llegó en 1933, cuando la popularidad de Hitler disparó las ventas hasta 1,5 millones de ejemplares, convirtiendo a su autor en un hombre rico, lo que aprovechó para renunciar (con publicidad) a su sueldo de canciller. A partir de ese momento, el libro fue tratado como una especie de biblia y fetiche del nacionalsocialismo: se regalaba a las parejas que contraían matrimonio y en otras ceremonias familiares y sociales, llegando a ser rápidamente un objeto habitual en la mayoría de hogares alemanes.

Durante mucho tiempo, este libro repugnante y de lectura tediosa, que incita al odio racial y a la agresión expansionista, y cuyo único interés reside en permitir cierta aproximación a la idea que tenía de sí mismo y al ideario político del mayor genocida de la historia, se ha beneficiado del morbo suscitado por prohibiciones y censuras. Situado en medio del debate entre intencionalistas y funcionalistas, en los últimos años se han multiplicado los llamamientos a derogar, en nombre de la libertad de expresión, una prohibición basada en el temor de que sus contenidos pudieran subvertir el orden democrático, reavivando los virus de la intolerancia, la exclusión y el fanatismo. Para algunos críticos, el tabú sobre la publicación del libro tendría que ver con que los prohibicionistas le atribuyen inconscientemente poderes taumatúrgicos. Como si Hitler estuviera todavía de algún modo en Mein Kampf y pudiera ser conjurado.

El debate se agudiza ante la próxima caducidad del copyright. La comunidad judía de Alemania también se encuentra dividida respecto a si es conveniente o no levantar la prohibición, aunque en Israel pueda adquirirse la traducción hebrea del libro. El Instituto de Historia Contemporánea de Múnich anuncia una "edición crítica" y, en cierto modo, canónica, para contrarrestar -dicen- los efectos de las ediciones populares que se publicarán en todo el mundo. Pero aún no está claro que vaya a levantarse el veto en Alemania, lo que resulta contradictorio. Especialmente porque se sigue rodeando a Mein Kampf, que en condiciones normales interesaría a muy pocos, del aura magnética de lo prohibido. En el fondo, la censura de este libro insostenible y tedioso se basa en la desconfianza hacia la gente y, lo que es más grave, en la creencia supersticiosa en sus poderes suasorios para las actuales generaciones de alemanes. La libertad de expresión, una conquista de la democracia, no se lleva bien con el miedo a la ciudadanía.

La construcción cultural del fascismo. Belén Esteban encarna, en la época de la televisión, al populismo fascistoide

Josep Ramoneda (El País)

Tema: Política

No representa y da voz a las clases populares, las enardece para que sigan calladas. No suple el silencio del pueblo, al contrario, lo alimenta.

El biopic de Belén Esteban que presentó Telecinco empezaba intercalando planos de momentos estelares de la vida de la protagonista y de episodios de agitación de masas de Eva Perón. En el contexto de exaltación hiperbólica de la figura de la homenajeada, la primera reacción era pensar en una exageración más, en otra pasada de frenada en la mitificación de la llamada princesa del pueblo. Sin embargo, intencionadamente o no, la comparación daba mucho de sí.

Por un lado, insinuaba que el plató de televisión ha venido a sustituir a las grandes explanadas para la concentración de masas, como lugar propio de la demagogia populista. Y en este sentido podría parecer tranquilizador: mejor que las masas deslumbradas por la estrella estén apaciblemente sentadas en el sofá de su casa y no codo a codo en la calle, dispuestas a lo que manden. Sin embargo, la comparación nos llevaba inevitablemente a pensar que el realizador veía en Belén Esteban un potencial fenómeno político de masas. Lo cual venía corroborado por el hecho insólito de que Telecinco difundiera una encuesta de opinión en la que Belén Esteban aparecía como contrincante de los distintos partidos políticos del arco parlamentario español.

Conocida la naturaleza del peronismo, sabiendo lo muy roída que está la democracia argentina por no haberse liberado nunca de este fenómeno populista, me pregunté si el director del documental quería curarse en salud y nos advertía de que lo que venía a continuación era un fenómeno típico de la construcción cultural del populismo fascista.

Ciertamente, Fermín Bouza explicaba muy bien el éxito de Belén Esteban como eco de las conversaciones de pueblo, o de escalera de vecinos, que en la cultura urbana actual tienden a perderse. Vivimos tiempos de individualización creciente y de desocialización avanzada: que los "famosos" publiciten, o aparenten publicitar, su vida privada, satisface las pulsiones voyeuristas de parte de la población.

Pero el caso de Belén Esteban parte de aquí y va algo más allá: por la continuidad del relato y por el papel de heroína que le han hecho asumir. El argumento de la construcción de la princesa del pueblo es tan simple como las expresiones que le han hecho famosa: mujer pobre que alcanza, por amor, un sitio en las élites de este mundo a través de un torero de renombre, y que es maltratada y expulsada por un poder de clase y masculino, que no soporta a una chica del pueblo que sigue fiel a los suyos hasta el último momento, y en especial a su hija, para la que está dispuesta incluso a matar.

Como toda construcción de un mito mediático, tiene evidentemente sus secretos. Y en este caso hay uno principal, que no puede pasar desapercibido, pero que en un ejercicio de amnesia voluntaria, compartido por el público y por el coro de figurantes que vive de esta historia, se convierte en tabú. Lo podemos formular en forma de pregunta: ¿por qué la imagen física de Belén Esteban se deteriora tanto a pesar de la cirugía estética aplicada? Responder a esta pregunta probablemente acabaría con el mito y, por tanto, con todo el dinero que circula a su alrededor. Se trata, por tanto, de convertir los hechos -las operaciones- en acontecimientos, sin ahondar nunca en las causas. Todo personaje hiperexpuesto al público corre riesgos: el día que la gente se pregunte por qué la operaron será el principio del fin de Belén Esteban. Querrá decir que el público se habrá quitado la venda de los ojos, que la pose de gritona mujer indignada habrá acabado su recorrido. Todo cansa en el mundo de la televisión.

La estructura narrativa de la historia del personaje es, por tanto, simple y responde a un patrón perfectamente conocido: la humilde víctima de una familia poderosa convertida en heroína popular. El personaje es de una transparencia meridiana: vista una vez, vista siempre. Sus recursos: gritar, llorar, gesticular, indignarse, hacer de la ordinariez hortera un estilo, se repiten en una espiral inacabable. Cuantos más chillidos, más entusiasmo. Se conoce el poder de la simplicidad y de la repetición. La eterna repetición de lo mismo es una vieja técnica de seducción colectiva. Y sobre ella se funda tanto el personaje Belén Esteban como el cuento construido sobre su biografía.

Mi interés iba decayendo por momentos cuando una idea que pronunció Cristian Salmon me sacó de la modorra: esta mujer no suple el silencio de las clases populares, al contrario, lo alimenta. He aquí una definición del populismo fascistoide en la época de la televisión. No se trata de dar la voz a las clases populares, se trata de enardecerlas para que sigan calladas. Para que cedan su palabra al agitador que promete representarlas. Un medio frío, como la televisión, parece garantizar que la abducción de las mentes no tenga consecuencias mayores en la calle: fascismo de sala de estar más cultural que político.

El repertorio básico de la cultura fascista está condensado en la frase estrella de Belén Esteban: "Yo, por mi hija, ma-to", mil y una veces repetida por ella y coreada por sus admiradores, los de verdad, y los que viven del cuento. No hay complejidad. Todo es simple. Un problema, una respuesta. Me tocan a mi hija, mató. La muerte y la sangre: la muerte legitimada por la sangre. Por mi hija mato, por mi patria mato. Pura sonoridad fascistoide.

El esquema de esta frase es el que utiliza Belén Esteban cada vez que descalifica a los políticos y que asegura que ella tendría solución para todo. No conocen al pueblo, solo piensan en ellos, en vez de soluciones nos crean problemas, yo tengo respuesta para todo... Y por mi hija mato. Da grima. La proximidad de la cámara subraya la furia a través de un rostro desencajado. La secuencia se repite una y otra vez, venga o no a cuento. Cuanto más la repita más aplausos arrancará, más subirá la temperatura. Los distintos estratos del coro la repiten con ella: en el plató, en la prensa, en la calle. La estructura del "Por mi hija mato" es del mismo tipo de "por los míos hago lo que haga falta", "los inmigrantes fuera", o "eso se acaba metiéndoles en la cárcel".

Desprecio a las élites, desprecio a las leyes, desprecio a las instituciones: la solución es el pueblo en estado puro que ella pretende representar. Apoteosis de la ignorancia convertida en virtud.

Belén Esteban ha encontrado el medio y el momento adecuado para alcanzar cuotas de reconocimiento con las que, probablemente, nunca había soñado. Hoy, probablemente, ya no es ni siquiera dueña de un destino que le sobrepasa y que cambiará bruscamente el día en que deje de funcionar como máquina de hacer dinero. Es la lógica de la mercancía mediática. Los mismos que la han encumbrado, la tirarán cuando no dé dinero. Hoy, ya es solo una mercancía, que su pueblo consume. Y consumir es el modo de instalarse en el silencio.

Pero el éxito de Belén Esteban hay que mirarlo en doble dirección: los peligros de un discurso que extiende todos los tópicos antipolíticos y antidemocráticos; el estado de unos sectores de la sociedad que se sienten completamente desatendidos por la política, que buscan contacto, roce, espacio compartido: es decir, los espacios comunitarios perdidos. Para muchos de ellos el encuentro en la tele con Belén Esteban es, para así decirlo, el momento del reconocimiento: al identificarse con ella se sienten alguien en este mundo. Sin otra exigencia que aplaudir y sentirse solidaria coreando el perverso mensaje: "Yo, por mi hija, ma-to". El éxito de Belén Esteban es una crítica a los que dirigen las instituciones democráticas, que cada vez dejan más espacios fuera de la representación y del reconocimiento. Belén Esteban es la mercancía con la que algunos avispados han intentado ocupar un espacio que además puede ser negocio. Hipotecándose en esta mercancía, estos ciudadanos, que ella llama pueblo, se convierten en turba virtual. Carne de aplauso, ¿quién les devolverá la palabra?

Una respuesta insuficiente

Aitor Zabalgogeazkoa (El País)

Tema: Haití

Hace ya un mes que se declaró una epidemia de cólera en Haití que se ha cobrado la vida de más de 1.000 personas. La respuesta es insuficiente. Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han atendido ya a más de 12.000 personas. En el centro y el norte del país, los hospitales siguen admitiendo enfermos muy por encima de su capacidad. En Puerto Príncipe, los pacientes que llegan a nuestros centros se duplican a diario desde el pasado sábado. El arrabal chabolista de Cité Soleil es la puerta de entrada a la capital y la posibilidad de que el brote epidémico quede fuera de control es muy alta, porque apenas unas pocas organizaciones trabajamos en el tratamiento de pacientes y no damos abasto.

Tal es la cantidad de enfermos y de zonas afectadas, incluyendo áreas rurales remotas, que tareas como la potabilización del agua, la gestión de residuos y los protocolos de enterramiento seguro no se desarrollan al ritmo adecuado, lo que limita el control de la epidemia. Con más de 1.000 trabajadores sanitarios destinados al cólera, MSF alcanzará su máxima capacidad operacional en esta emergencia en las próximas dos semanas. En los hospitales Saint Marc y Choscal, donde trabajamos en el aparcamiento, nos enfrentamos a serios problemas de espacio.

El cólera es excepcional y raro en el Caribe, pero esto no justifica la insuficiente respuesta a la epidemia, sobre todo cuando hay un elevado número de ONG presentes desde el terremoto de enero de 2010. El periodo de transición para la reconstrucción sigue siendo extremadamente lento. Los riesgos que implica esta falta de compromiso con los haitianos son altos. Un millón y medio de personas siguen viviendo bajo lonas de plástico y dependientes en su mayoría de las organizaciones humanitarias para acceder a agua potable y saneamiento. El trabajo que no se hizo en 10 meses en estos ámbitos no se podrá hacer en dos semanas, pero no es momento para lamentos, sino para intervenciones decididas: el cólera es una enfermedad de fácil tratamiento y rápida curación, pero también de propagación fulminante.

Urge una respuesta inmediata y a gran escala de otras organizaciones internacionales y no gubernamentales, y de la propia comunidad haitiana, para aumentar la capacidad médica, de agua, higiene, saneamiento y de información comunitaria. También los países donantes han de reaccionar. La disposición en este caso de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo es un buen ejemplo para todos. El Gobierno haitiano debe involucrarse en la agilización de permisos, la disponibilidad de personal y la sensibilización pública sobre el injustificado tabú que rodea los centros de tratamiento del cólera, punto en el que también tienen un papel los medios locales. Esto es esencial, porque si el número de casos sigue aumentando, se necesitarán soluciones drásticas, como instalar los centros de tratamiento fuera de los recintos hospitalarios, en plena calle.

Si los peores escenarios de los epidemiólogos se confirman, las organizaciones implicadas hasta ahora en el combate contra el cólera no seremos suficientes. Y es posible que las consecuencias no se cuenten solo en trágicas muertes evitables. Otra vez el futuro inmediato de miles de haitianos está en riesgo.